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Creí que iba a escribir sobre liderazgo. Terminé escribiendo sobre otra cosa.

  • Foto del escritor: Patricia Villagra M.
    Patricia Villagra M.
  • hace 12 minutos
  • 3 min de lectura
Durante toda la semana intenté escribir un artículo sobre liderazgo. Lo escribí, lo borré y lo volví a escribir varias veces. Hasta que me di cuenta de que estaba mirando el problema desde el lugar equivocado.

¿Por qué toda la responsabilidad de un "gran equipo" recae siempre en el líder?



Seguí reflexionando y apareció una pregunta mucho más interesante:

¿Cuánta responsabilidad tenemos nosotros en nuestro propio desarrollo profesional?

Si bien es cierto, contar con un gran líder, ayuda mucho, a la hora de lograr resultados satisfactorios, no lo es todo. También es importante el trabajo y el compromiso que cada uno de nosotros aporte al equipo.

¿Qué pasa con las personas que no logran destacarse o no logran crecer dentro de la organización aunque tengan todos los conocimientos requeridos para el cargo?

El hecho es que pueden existir múltiples razones, tantas que podría escribir un libro sobre esto, el problema rara vez es el conocimiento técnico, sino que muchas veces es:

  • La conversación interna
  • El miedo
  • La autoestima
  • Las creencias limitantes
  • La gestión emocional
  • La dificultad para pedir ayuda
  • La incapacidad para recibir feedback (o pedir)
  • El ego
  • entre otras...

En esta oportunidad me referiré al autoconocimiento, a la importancia de conocernos a nosotros mismos. "Conócete a ti mismo y conocerás el universo" es una de las máximas filosóficas más profundas de la historia, inscrita originalmente en el Templo de Apolo en Delfos y popularizada por Sócrates.

Si me doy el tiempo de conocerme de verdad, comienzo a descubrir mucho más que mis fortalezas o mis debilidades. Empiezo a observar cómo reacciono cuando algo no sale como esperaba, qué conversaciones postergo por miedo, qué situaciones despiertan mi frustración o mi inseguridad, qué cosas me entusiasman, cuáles me drenan y cuáles me hacen perder la noción del tiempo porque realmente disfruto hacerlas.

Ese ejercicio de mirar hacia adentro no solo nos hace crecer como personas; también nos convierte en mejores profesionales. Porque el autoconocimiento nos permite reconocer nuestras emociones antes de que ellas tomen el control de nuestras decisiones. Nos ayuda a identificar cuándo estamos actuando desde el miedo, el orgullo o la impulsividad. Nos permite pedir ayuda cuando la necesitamos, recibir feedback sin sentirlo como un ataque y establecer relaciones más sanas con nuestros compañeros.

Somos seres humanos complejos. No llegamos a la oficina dejando una parte de nosotros en nuestra casa, llegamos completos: con nuestra historia, nuestras experiencias, nuestras creencias, nuestros talentos, nuestros miedos, nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra manera de interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor. Y quizás ahí está una de las claves más importantes. No reaccionamos frente a la realidad tal como es; reaccionamos frente a la interpretación que hacemos de ella. Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación: recibir un comentario de su jefe, enfrentar un cambio organizacional o asumir un nuevo desafío. Sin embargo, una puede verlo como una oportunidad de mejora y la otra como una crítica.

La diferencia no está en el hecho. Está en el observador que cada uno ha construido a lo largo de su vida. Por eso el autoconocimiento no es un lujo, ni una moda. Es una herramienta de desarrollo profesional. Mientras mejor me conozco, mejores decisiones tomo, mejores relaciones construyo y mayor capacidad tengo para adaptarme, aprender y crecer.

Si mejor es el conocimiento que tengo de mi persona, podré identificar mi situación personal y podré tomar las desiciones necesarias para aumentar mi bienestar personal y laboral, porque un buen líder puede ofrecerte oportunidades. Solo tú puedes decidir tomarlas.


 
 
 

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