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Desaprender: el arte de abrir espacio a lo nuevo

  • Foto del escritor: Patricia Villagra M.
    Patricia Villagra M.
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Durante años, en nuestra formación tradicional, nos enseñaron que el aprendizaje era la clave del crecimiento: acumular conocimientos, dominar herramientas, perfeccionar habilidades. Sin embargo, pocas veces nos hablaron del valor de desaprender. Desaprender no significa borrar lo que sabemos, sino "soltar las certezas" que nos impiden ver otras posibilidades. Es un acto de humildad profunda. Porque solo cuando aceptamos que no lo sabemos todo, comenzamos realmente a aprender.

En el mundo organizacional, el exceso de “saber” a veces se vuelve un obstáculo. Creemos que por nuestra experiencia o años en un cargo, tenemos todas las respuestas. Pero esa misma experiencia puede llenarnos de sesgos y formas rígidas de mirar el mundo. Así, dejamos de escuchar con apertura, de cuestionar nuestros modelos y de dar espacio a otros conocimientos.

Un líder que se atreve a desaprender, se convierte en un motor de transformación e inspiración. Porque entiende que cualquiera —desde alumno en práctica a un nuevo colaborador experimentado— puede enseñarle algo. En esa escucha activa, nacen nuevas ideas, formas más efectivas de comunicar y vínculos más genuinos.

Nuestro universo evoluciona. Lo que ayer era verdad, hoy puede ser obsoleto. Hace siglos creíamos que nuestra Tierra era el centro del universo; hoy sabemos que apenas somos una pequeña partícula de polvo celeste flotando dentro de algo inmensamente mayor. Lo mismo ocurre al interior de nuestras organizaciones: lo que nos funcionó ayer, puede que hoy también esté obsoleto.

Desaprender implica mirar el presente con curiosidad. Cuestionar lo dado, abrirnos a los avances tecnológicos, a las nuevas formas de trabajo, sin perder lo esencial: nuestra humanidad.

En nuestra carrera por adaptarnos a los cambios —leer, escribir, dominar tecnologías, hablar con asistentes virtuales o implementar inteligencia artificial— hemos dejado de lado algo fundamental: la conexión humana. Ya casi no nos miramos a los ojos, no prestamos atención a los gestos, no percibimos las emociones del otro. En esa desconexión silenciosa, perdemos la oportunidad de comprender lo que realmente ocurre dentro de los equipos. ¿Cuántas veces escuchamos que un colaborador se fue y nadie entendió por qué, aunque las señales estaban ahí desde hacía meses? Desaprender aquí significa recuperar nuestra capacidad de observar, preguntar, empatizar y conectar.

Nuestro proceso evolutivo, como seres humanos, no se detuvo en el Homo sapiens ni en el Homo erectus. Como humanidad, seguimos en una transformación constante, movidos por la conciencia y la necesidad de sentido de pertenencia. Quizás, el siguiente paso evolutivo no sea tecnológico, sino humano: reaprender a escucharnos con presencia, a mirar más allá del rol, del KPI o del resultado esperado, y ver al otro como un espejo que también nos enseña.

Desaprender es volver al origen. Es limpiar la mirada para aprender de nuevo, con curiosidad, humildad y presencia. Solo así construiremos organizaciones más humanas, líderes más auténticos, relaciones que realmente transformen y vínculos reales.

 
 
 

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